FRENTE A LA CRUZ | Guarda los mandamientos de Dios, permanece en su amor y aumenta tu alegría

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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La historia de Eric Liddell debería ser mejor conocida.

Al aproximarse los Juegos Olímpicos de 1924, Liddell lucía como el corredor más rápido del mundo en la carrera de los 100 metros. Sin embargo, las eliminatorias preliminares se realizarían un domingo, y él se negó a correr. El consideró que era un día dedicado a Dios, y punto. Él no estaba dispuesto a comprometer sus convicciones, ni siquiera por la gloria olímpica.

El sacrificio de Liddell nos plantea una interrogante — y no solo acerca del domingo. La pregunta se agudiza por dos cosas que Jesús nos dice esta semana.

Primero, Él dijo: "Si guardas mis mandamientos, permanecerás en mi amor". Tenemos que admitir que, como cultura, no somos muy buenos para guardar sus mandamientos. Esto significa que nos hemos apartado de su amor por nuestra propia y libre escogencia.

Por ejemplo, no siempre hacemos un buen trabajo santificando el día del Señor. ¿Organizamos nuestro domingo alrededor de la misa o de las actividades deportivas? La pregunta no es si los deportes son permitidos los domingos. Por supuesto que lo son. La pregunta es ¿qué es lo primero? ¿Realmente reservamos ese día para el Señor, y programamos nuestras actividades alrededor de Él, o programamos nuestras actividades del fin de semana, y luego vemos donde conseguimos un pequeño espacio para el Señor? . Las personas dedican tres o más horas los domingos para los juegos del deporte profesional, y programan las demás actividades alrededor de ellos. ¡Y el cielo no permita que la misa se extienda más de una hora! De muchas maneras, hemos construido una cultura que no guarda el tercer mandamiento.

Para dar otro ejemplo, no hacemos muy buen trabajo con el mandamiento de Jesús acerca del divorcio. Y eso es solo la punta del témpano. Aun somos peores con el mandamiento de no mirar con lujuria a hombres o mujeres. La anticoncepción y la pornografía — ambas violaciones del sexto mandamiento de acuerdo con el catecismo — se han generalizado. De muchas formas, hemos construido una cultura que no guarda el sexto mandamiento.

Y no se trata de solo un asunto de señalar con el dedo a los demás. Lea el sermón de la montaña (Mateo 5-7), o el contenido del catecismo sobre los diez mandamientos (párrafos 2083-2557), o considere el resumen de Jesús en esta oración: "Este es mi mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado." Todos nos hemos apartado de sus mandamientos de una u otra forma, y por lo tanto nos hemos separado del amor de Jesús.

En este momento la segunda cosa importante es que Jesús nos dice que guardemos sus mandamientos — y permanezcamos en su amor — de forma tal que nuestra alegría sea completa. Él nos dio nuestra libertad, pero nos dijo que si la utilizábamos para separarnos de su amor eso no nos haría más felices, de hecho, disminuiría nuestra alegría.

Las estadísticas parecen confirmar este punto. Los reportes indican que las tasas de depresión y ansiedad han aumentado en las últimas décadas. Seguramente esto se debe a múltiples causas. Y la medicina y la terapia son parte de la respuesta, pero también hay un diagnóstico basado en el Evangelio que es una dimensión clave del problema: a medida que en nuestra cultura se ha incrementado el no guardar los mandamientos, nos hemos separado de su amor, y nuestra alegría se ha agotado.

Quizás Eric Liddell lo tenía claro, y quizás necesitamos recobrar en nuestras vidas esa clase de obediencia a todos los mandamientos. Bien sea que se trate de algo dramático — como fue el caso de Liddell — o de algo pequeño, ¿qué paso nos está pidiendo Dios que tomemos esta semana para guardar los mandamientos, permanecer en su amor, e incrementar nuestra alegría? 

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