FRENTE A LA CRUZ | Compartir la misión de Jesús significa también hacer desagravio por los pecados de los demás

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Cuando el pueblo judío regresó a Jerusalén después de 50 años en el exilio, se dedicó a reconstruir el templo. La destrucción del templo no fue su culpa, fue por causa de los pecados de otros, pero la tarea de reconstruirlo recayó sobre sus hombros.

Este ejemplo nos sirve como un patrón para nuestra disciplina cuaresmal, y en realidad, para toda la vida cristiana.

Los seminaristas y sacerdotes de nuestro tiempo — en todo el país y alrededor del mundo — enfrentan una situación similar. El sacerdocio ha sido marcado profundamente por los pecados de unos pocos hombres que no guardaron fidelidad a sus promesas. Los seminaristas y los sacerdotes no plantearon esta situación y no es su culpa — pero son los llamados a reconstruir el sacerdocio. Ellos escuchan, nuevamente, las palabras que Jesús le dijo una vez a San Francisco de Asís: "Reconstruye mi Iglesia".

¿Y nosotros qué? En alguna medida, la mayoría de nosotros tiene un estándar espiritual que dice: "Esos no son mis pecados. Yo no tendría que pagar por ellos". Sin embargo, ¿es ese realmente el estándar de la vida cristiana? Gracias a Dios, ese no era el estándar de la vida de Jesús.

Jesús no llevó sus propios pecados a la cruz. El vio nuestros pecados y dijo: "Yo pagaré por ellos". Él desagravió nuestros pecados con su propio cuerpo, para que nosotros pudiésemos liberarnos de ellos. Este se supone que es el estándar de la vida cristiana. Esto ciertamente nos ayuda con nuestra disciplina para la Cuaresma.

Cuando Jesús nos invita — nos pide, ¡nos ordena! — tomar nuestra cruz y seguirlo, para Él esto no significa que nuestra cruz corresponde solo a la penitencia por nuestros pecados. Por supuesto que también los incluye. Nosotros debemos hacer penitencia por nuestros pecados. ¡Esto en sí mismo es una tarea a veces abrumadora! Sin embargo, somos llamados a hacer más. Somos llamados a compartir la misión de Jesús. Esto significa que también somos llamados a reparar los pecados de otros.

Eso es parte de la doctrina que nos une en un solo cuerpo — tanto en Adán como en Cristo. Gracias a esta unidad, heredamos los pecados de otros. Gracias a esta unidad tenemos acceso a la salvación en Cristo. Gracias a esta unidad tenemos la ayuda de los santos. Gracias a esta unidad somos llamados a reparar los pecados de los demás.

El pueblo que regresó del exilio sabía esto, y lo vivió. Los sacerdotes y seminaristas saben esto, y lo viven. A medida que nos acercamos a las semanas finales de la Cuaresma, cada uno de nosotros es llamado a conocer esto. Otros han ayudado a pagar el precio de nuestros pecados. Paguemos nosotros con la misma moneda. 

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