FRENTE A LA CRUZ | Nuestra entrega debe ser el reflejo de la entrega de Dios

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Esta cerca de oscurecer, en dos sentidos.

En primer lugar, esta semana pasaremos del horario de verano al horario estándar. Ciertamente, la cantidad actual de luz del día será la misma. Sin embargo, el cambiar el reloj da la sensación de que todo está más oscuro, ¿no es así?

En segundo lugar, ahora que pasó el Halloween, el bombardeo publicitario de la Navidad está por comenzar. Su implacable empuje — pasando por el día de Acción de Gracias en su mayor parte — puede darle a los próximos dos meses un aire frenético. Si no somos cuidadosos, esta es otra clase de oscuridad que puede envolvernos en los próximos dos meses.

¿Como podríamos traer luz a esta oscuridad que a veces acompaña el frenesí navideño? Pienso que si hacemos una distinción podemos hacerlo. ¿Cuál es la distinción?

Comencemos con lo que es correcto. El bombardeo publicitario navideño utiliza una buena tendencia espiritual presente en nosotros: el deseo de dar. Hemos sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, y el darse a sí mismo es la naturaleza misma de Dios. Por ejemplo, Él nos da el regalo de la creación y el regalo de Sí mismo en la eucaristía. La imitación de Dios está escrita en nuestra naturaleza, así que nosotros también queremos dar regalos.

Sin embargo, es importante reconocer cuando algo que es básicamente bueno — en este caso, el deseo de dar — se tergiversa. Para muchas personas, el bombardeo navideño lleva consigo un sentimiento creciente de desenfreno. Lo que comienza como un deseo de dar se transforma en una frenética necesidad de encontrar el regalo correcto, o simplemente algo para regalar — ¡cualquier cosa! Cuando esto sucede, la entrega de regalos deja a su paso exasperación y agotamiento.

El dar que está en la naturaleza de Dios no es frenético, no nos deja exasperados. Si nuestra forma de dar se vuelve frenética, es una señal de que nos estamos desviando del camino. El sentimiento interior (de frenesí) y su fruto (el estar exhausto) son el indicio claro de que nuestro deseo está siendo manipulado, y de que ya no estamos imitando a Dios.

¿Podemos corregir esto?

Las lecturas de esta semana nos invitan a pensar acerca de lo que estamos regalando, como lo damos, y el fruto que produce el darlo. Estos tres niveles nos pueden ayudar a refinar nuestra forma de dar, y hacerla más similar a la forma de dar de Dios. Hagámonos las siguientes preguntas:

¿Qué voy a dar?: ¿Estoy dando algo que es parte de mí mismo, o estoy dando el proverbial pastel de frutas?

¿Cómo lo doy?: ¿Mi regalo está basado en la paz, o en la ansiedad?

¿Cuál es el fruto?: ¿El dar me da ánimo, o me deja exhausto?

Estas preguntas pueden refinar nuestra aproximación a los regalos de la Navidad, y a ayudarnos a notar cuando nos salimos del camino. A medida que dominamos estos tres niveles, nuestra entrega se transforma en una imitación más completa de la entrega de Dios. Esto puede traer una mayor paz a nuestro corazón, y algo de luz a la oscuridad en esta época del año. 

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