FRENTE A LA CRUZ | Jesús nos invita a ser perfectos hijos de Dios

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Cuál es el estándar por el cual juzgamos nuestras vidas? "Nunca he hecho nada horrible. Soy un ser humano decente". Muy a menudo nos expresamos de esa manera. Permítanme sugerir, mientras que nos acercamos a la celebración del día de Todos los Santos, que estamos utilizando el estándar equivocado.

¿Cuál es el estándar correcto? Jesús nos lo da en las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas son el retrato real de Jesús, y una invitación a ser como Él. Es por esto, que junto con las enseñanzas que les siguen en Mateo 5, terminan con el siguiente desafío: "Sé perfecto como tu Padre Celestial es perfecto".

Ese es nuestro estándar. Y las lecturas de esta semana fortalecen esta idea, tanto en términos de quienes somos como de quienes podemos ser.

Quienes somos es algo que mantenemos por la fe: somos los hijos e hijas amados de Dios. La tentación acerca de esto es doble. Por un lado, podemos inclinarnos a pensar que somos demasiado malos para que Dios nos ame. Sin embargo, las escrituras responden claramente a esta tentación. San Pablo nos dice en Romanos 8, "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios". La primera carta de San Juan hace eco de este punto: "Amados, ahora somos hijos de Dios". Y por el otro lado podemos inclinarnos a pensar que somos demasiado buenos para necesitar el amor de Dios. Las lecturas también responden a esta tentación. En Romanos 5, San Pablo dice: "Mientras que cuando éramos pecadores Cristo murió por nosotros...Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a Él ya hemos recibido la reconciliación." El amor de Dios — no nuestro mérito — es la fuente de nuestro estatus como amados hijos e hijas de Dios.

Quienes somos es algo que mantenemos en la esperanza: podemos ser perfectos hijos e hijas del Padre. La tentación acerca de esto es doble. Podemos inclinarnos a pensar que nunca alcanzaremos la perfección del Cielo, así que, no vale la pena hacer el esfuerzo. Jesús responde a esta tentación claramente cuando dice: "Todo lo que el Padre me da vendrá a mí, y Yo no rechazaré a nadie que se acerque a mí". De otra manera, si sentimos la tentación de pensar que ya somos lo suficientemente buenos y no necesitamos hacer ningún esfuerzo, podemos regresar a las Bienaventuranzas y a la llamada de Jesús para ser perfectos. Esto nos hará humildes, y responderá a cualquier tentación a la complacencia.

El Padre es perfecto. El Hijo es la imagen perfecta del Padre. El Espíritu Santo se nos ha dado para que podamos ser perfectos como Jesús. En el día de Todos los Santos, celebramos aquellos que han alcanzado esta meta al cooperar con la gracia de Dios. Al celebrarlos, fomentamos el aumento de nuestra fe y la esperanza de que podemos seguir su camino. 

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