FRENTE A LA CRUZ | En su tiempo San Pablo también contrarrestó “noticias falsas”

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Las lecturas de la misa de esta semana son de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo. San Pablo previene a Timoteo acerca de los gnósticos, un grupo de personas que decían tener un conocimiento especial contrario a la fe. Timoteo debía restringir sus falsas enseñanzas, y preservar la pureza de las enseñanzas de la Iglesia contra sus doctrinas.

Hoy en día, tenemos nuestra propia versión de esta situación.

Algunas personas en nuestros días defienden la creencia que no hay cosas tales como lo correcto o lo incorrecto — hasta que algo los ofende. Ellos dicen que necesitamos practicar la tolerancia, pero ellos no toleran las cosas con las que no están de acuerdo. Dicen que todas las afirmaciones del conocimiento de la verdad son solo juegos de poder, pero de alguna manera sus afirmaciones son solo otro juego de poder.

Las palabras de San Pablo a Timoteo les aplican bien a ellos. Ellos se han "apartado en pos de vanas palabrerías, queriendo ser maestros de la ley sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman con tanta seguridad" (1Timoteo, 1:6-7).

Cualquiera que afirma que no hay verdad está negando que Jesús es el camino, la verdad y la vida (San Juan 14:6). Ellos también se contradicen a sí mismos al decir que no hay verdad. Cualquiera que afirma que no hay mal o bien niega los Diez Mandamientos, y también se contradicen a sí mismos al decir que es equivocado enseñar que es lo correcto y lo incorrecto. Por tanto, sus afirmaciones son contrarias a la fe católica. Sin embargo, la falsedad de sus posiciones es también evidente en términos meramente humanos. El intento para construir una sociedad en base a tales ideas es el intento de construir sobre arena en lugar de sobre una roca sólida. (Mateo 7:24-27) Y eso tiene consecuencias.

Así leemos y vemos las noticias, y expresamos nuestra indignación con algunas cosas que están sucediendo — ¡tal como debe ser! Dondequiera que vemos, la dignidad de los seres humanos — los niños de Dios, nuestros hermanos y hermanas — es socavada en formas alarmantes.

Sin embargo, seamos honestos: Hay una forma en la cual nuestra indignación es impotente. Es absorbida por un vacío cultural en el que nuestra indignación no es más que la expresión de una preferencia personal, más que una respuesta a lo que es correcto o incorrecto. Algunas veces nosotros socavamos nuestras propias objeciones al expresarlas en términos culturalmente aceptables de llamados a una mayor "tolerancia". Necesitamos profundizar más y modelar nuestras respuestas desde bases más adecuadas.

¿Cómo podemos abordar nuestra situación? El consejo de San Pablo a Timoteo nos proporciona un excelente modelo.

Primero, necesitamos actuar con integridad. Necesitamos dar ejemplos sobresalientes de virtud en nuestras propias vidas antes de atrevernos a instruir a otras personas. San Pablo se ocupa de esto en profundidad con Timoteo.

Sin embargo, nuestras palabras también importan. Nuestras palabras importan porque les dan forma a nuestras acciones, nuestras leyes y nuestra cultura. Y, así como San Pablo aconsejó a Timoteo, nosotros necesitamos volver a algunos conceptos básicos con nuestras palabras. Algunas cosas son verdaderas y otras son falsas, y nosotros necesitamos decirlo. Necesitamos decir que hay cosas correctas e incorrectas. Algunas cosas no deben ser toleradas, y nosotros necesitamos decirlo así.

La fe católica nos llama a ayudar a otras personas a recoger las piezas rotas de sus vidas cuando todas las cosas se derrumban. Nosotros somos expertos en eso. Y justo ahora también lo estamos haciendo con nuestra cultura.

Sin embargo, en algún momento, con las personas, damos un paso atrás y preguntamos: ¿cómo podríamos prevenir en primer lugar que las cosas se derrumben? También somos expertos en esta clase de intervención preventiva. Quizás es tiempo de aplicar el mismo enfoque a nuestra cultura. 

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