FRENTE A LA CRUZ | Utilizar las obras de la ley de la cruz para dar forma a nuestras acciones

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Esta semana celebramos la fiesta del Triunfo de la Cruz (14 de septiembre). ¿Cómo debemos celebrarlo? Hay una declaración peculiar de San Pablo que, si la entendemos correctamente, nos muestra la mejor manera para celebrar. Él dice: "y completo en mi propia carne lo que falta de las tribulaciones de Cristo a favor de su cuerpo, que es la iglesia" (Colosenses 1:24)

¿Que podría significar esto?

San Agustín nos da una respuesta brillante. Él explica que, si Cristo es nuestra cabeza y nosotros somos los miembros de su cuerpo, entonces todos sus sufrimientos nos pertenecen y todos nuestros sufrimientos, en última instancia, le pertenecen a Él. "Entonces si usted está entre los miembros de Cristo.......sus sufrimientos se suman porque hacían falta. Usted llena hasta una medida........usted sufre tanto como sea necesario para que sus sufrimientos se sumen al total de los sufrimientos de Cristo, quien sufrió como nuestra cabeza y sufre el sufrimiento de sus miembros."

A menudo nos sentimos tentados de hacer nuestra relación con Cristo un juego de suma-cero: Cualquier cosa que se consigue por su gracia no se logra por nuestro esfuerzo; cualquier cosa que se atribuye a nuestro sufrimiento se deduce del suyo. ¡Pero esto no funciona así! Jesús no compite con nosotros. Su gracia le da poder a nuestro esfuerzo; nuestros sufrimientos se unen a los suyos. No es Cristo o nosotros en el esfuerzo, es Cristo en nosotros en el esfuerzo.

Piense de esta manera: Jesús no solamente logró algo en la cruz, Él también reveló la ley de la cruz. Y al igual que la ley de la gravedad, la ley de la cruz fue escrita en el universo desde el inicio del mundo.

Así como la gravedad funcionaba antes de que Newton la descubriera, así también la ley de la cruz está en efecto antes de que Jesús la revelara. Considere el episodio del Antiguo Testamento de la serpiente montada en la vara: Cualquiera que la mirara con fe se salvaba. Esto nos anunció la ley de la cruz, y Jesús confirmo el vínculo cuando dijo: "Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe el Hijo del Hombre ser levantado, para que todo aquel que crea en Él tenga la vida eterna".

Y, tal como sucede con la gravedad, cuanto más entendemos cómo funciona la ley de la cruz, más podemos usarla para dar forma a nuestras acciones. Por ejemplo: A menudo nos sentimos tentados a criticar los pecados del mundo desde el banquillo, y de alguna manera esperar que las cosas mejoren. Pero no es así como la ley de la cruz funciona. Jesús no se sienta simplemente atrás y critica los pecados del mundo desde el banquillo. Él se involucra. Él se coloca en la situación. El repara los pecados del mundo con su propio cuerpo. Esto le cuesta algo a Él. Pero así funciona: Por su sacrificio, Jesús abrió un camino para que los pecadores entren en el cielo.

¿Está usted dispuesto a hacer lo mismo — no solamente para evitar el pecado, sino también para reparar los pecados de otros con nuestras vidas? Podemos hacerlo, usted lo sabe. Por ser nosotros miembros del cuerpo de Cristo, su poder se desborda en nosotros. Podemos permitir al poder de su cruz trabajar en nosotros, y nosotros podemos añadir nuestros sufrimientos a la obra de su cuerpo.

En ese sentido podemos llenar en nuestros cuerpos algo que se necesita en el Cuerpo de Cristo. Cuando hacemos esto, Jesús trabaja en nosotros para abrir un camino para que los pecadores entren al cielo. Este es el triunfo de la cruz al trabajar en nuestras vidas. Esta es la mejor manera de celebrar esta fiesta. 

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