FRENTE A LA CRUZ | El arca de la alianza prefigura, y se complementa, en María

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Existe un patrón fundamental que puede ayudarnos a comprender la biblia y a servir de guía para nuestras vidas. Las lecturas de la Fiesta de la Asunción — que celebramos esta semana (el 15 de agosto) — nos proveen de un ejemplo perfecto.

La lectura del Antiguo Testamento para la vigilia nos recuerda cómo David llevó el arca de la alianza a Jerusalén. El arca de la alianza no solo era el símbolo de la presencia de Dios. Los israelitas la consideraban como su "morada real" entre ellos. El salmo que sigue habla del arca, y de Jerusalén, como la "morada" de Dios.

La lectura del Nuevo Testamento del día de la festividad habla del arca de la alianza en el cielo — e inmediatamente la asocia con María. La conexión entre María y el arca es central para la lógica de la festividad. Cuando se transforma en la Madre de Dios, María se convierte en la nueva arca de la alianza — la actual morada de Dios. El decreto del Papa Pio XII de 1950 define el dogma de la Asunción e incluso habla de María como el "tabernáculo" del mundo. Si usted lo piensa, María fue el primer tabernáculo — el lugar donde el Cuerpo de Cristo descansó, y es el lugar desde el cual su cuerpo viene al mundo para ser entregado por la salvación del pueblo.

Así, el arca de la alianza apunta hacia Cristo encarnado en el vientre de María, y a Cristo reposando en el tabernáculo de la Iglesia. Lo que predice el arca se cumple en María y en la misa.

Sin embargo, la prefiguracion y el cumplimiento no son el final de la historia. El evangelio de la festividad — que nos cuenta sobre la Visitación — nos ayuda a completar el patrón. Cuando María visita a Isabel, bendice su casa al traer allí la presencia del Señor. Nuestras vidas están llamadas a ser eco de este misterio. Cuando recibimos a Cristo en la eucaristía, y lo hacemos el centro de nuestras vidas a través de la oración y el servicio, entonces Él viene a morar en nosotros de una manera especial. Al convertirnos en tabernáculos vivientes podemos llevar la presencia de Cristo a cada persona que conocemos y en cada situación en la que nos encontramos.

El Antiguo Testamento anuncia. El evangelio cumple lo anunciado. Nuestra vida es el eco. Ese es el patrón.

En ese caso, el arca de la alianza profetiza a María y al tabernáculo. Cristo cumple la profecía al entrar en el tabernáculo del vientre de María y en el tabernáculo de la Iglesia. Nuestras vidas son llamadas a ser eco de este cumplimiento: a transformarnos en tabernáculos vivientes.

La Festividad de la Asunción es un ejemplo perfecto de este patrón fundamental en la historia de la salvación. ¡Pero no es el único ejemplo! Donde quiera que vamos, el patrón puede ser encontrado en las escrituras. A medida que lo descubrimos, vemos con mayor claridad cómo funciona la historia del plan de la salvación. Mientras más claramente vemos como trabaja el plan de la historia de la salvación, más firmemente podemos ubicar nuestras vidas dentro de ese plan. A medida que lo hacemos, veremos como todas nuestras alegrías y penas pueden encontrar su lugar en el plan de Dios.

El plan es hacer nuestras vidas eco de la vida de María. Y esperar que, si nuestras vidas son eco de la vida de María, entonces nuestra muerte y resurrección también serán eco de la de ella, y así compartiremos completamente — como ella lo hizo en su asunción — la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. 

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