FRENTE A LA CRUZ | Con Dios, no hay nada que no podamos hacer

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Santo Tomas de Aquino a veces compara a Dios con un pilar. Es importante no malinterpretar lo que él quiso decir con esta comparación. Lo que significa es lo siguiente: si nosotros nos colocamos a la derecha del pilar o a su izquierda, el pilar no cambia — nosotros cambiamos con respecto a él. Dos episodios de las lecturas de esta semana nos ayudan a comprender lo que esta comparación significa en nuestras vidas.

El martes, escuchamos el episodio de Jesús caminando sobre las aguas y San Pedro saliendo del bote para unirse a Él (Mateo 14:22-36). A través de este episodio, Jesús no cambia. Él siempre es capaz de caminar sobre el agua, y Él siempre es capaz de hacer caminar a Pedro sobre el agua. El que cambia es Pedro. Cuando él tiene fe en Jesús y se concentra en Él, es capaz de caminar sobre el agua. Cuando se concentra, en cambio, en lo fuerte del viento, pierde la fe y comienza a hundirse. Cuando tiene fe en Jesús, nada es imposible para él. Cuando se aparta de Jesús, no puede hacer nada — ¡excepto hundirse!

El miércoles, oímos el episodio de los israelitas buscando la tierra prometida (Números 13). Cuando los exploradores regresaron le dijeron al pueblo: "¡Esta es una tierra abundante en leche y miel! Pero no podemos entrar a ella — la gente es enorme, y seguramente nos vencerán en la batalla". Uno solo de los exploradores — Caleb — animó al pueblo a ir. En efecto, él dijo, "¡Con Dios, podemos hacerlo!" Pero el resto de los exploradores continuó esparciendo los reportes desalentadores, y el desaliento infectó los corazones del pueblo.

Como en el caso de Pedro, Dios no cambió hacia los israelitas. Él está siempre con ellos, y siempre fue capaz de ayudarlos a entrar en la tierra prometida. Con fe en Dios, ellos podrían tomar posesión de su herencia. Sin fe, ellos permanecerían en el desierto. Y Dios les permitió hacer esa elección. Con Dios, no había nada que no pudieran hacer — su historia lo demuestra. Apartados de Él, no podían hacer nada — su historia también nos lo demuestra.

Estos episodios nos explican muy bien la analogía del pilar de Santo Tomas de Aquino. Él no quiere decir que Dios es impersonal o estático. ¡Lejos de eso! Lo que él quiere decir es que Dios nunca deja de amarnos. Dios es como un pilar en ese sentido: Él no cambia hacia nosotros. Pero eso no quita el hecho de que nosotros cambiemos hacia Dios. Podemos aceptar su amor con fe, o rechazarlo — nosotros podemos colocarnos a la derecha del pilar, o nos podemos colocar a su izquierda. Cuando aceptamos el amor de Dios con fe, la verdadera tierra prometida, el cielo, se abre ante nosotros. Pero si escogemos la vida sin fe, ¿qué otra cosa podemos hacer sino hundirnos?

Así que a menudo digo: Si Dios se siente lejos, ¿adivine quien se movió? 

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