FRENTE A LA CRUZ | El plan de Dios se cumple a su tiempo, no el nuestro

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Comenzamos esta semana un ciclo de lecturas del Antiguo Testamento que nos llevan a través de las historias de Abraham, Isaac, Jacob y José. En la lectura del lunes, Dios le hace una promesa a Abraham. Esta promesa se repite varias veces a través de la semana. Pero probablemente la fase clave es: "Entonces Abraham viajó por etapas al Negeb."

Etapas. Esta es la clave. La promesa fue hecha a Abraham desde el inicio: descendientes tan numerosos como las estrellas, una tierra de su propiedad, una bendición a todas las naciones. ¿Pero sabe usted cuál de las promesas hechas a Abraham se cumplió en su propio tiempo de vida? Cuando murió él tenía un solo hijo como resultado de la promesa, y un pequeño lote de terreno como cementerio.

Abraham confió que la promesa sería cumplida. Y mirando hacia atrás, sabemos que así fue. Pero se cumplió un paso a la vez a través de un lapso de tiempo de casi 2000 años: primero en la multiplicación de sus descendientes, luego al tomar posesión de la tierra prometida, y después en el reinado de David, y finalmente en Jesús. Dios fue paciente con las etapas del viaje de Israel (¡el cual incluyó reveses significativos!) Él cumplió la promesa gradualmente, respetando nuestro libre albedrío y la naturaleza gradual del crecimiento humano.

La historia de la teología católica nos enseña una lección similar. Hubo grandes momentos como la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino — una síntesis magistral de fe y razón, que cubre en forma sistemática prácticamente cada aspecto de la fe. Pero había una historia detrás de este logro monumental. La "Summa" de Santo Tomás — escrita entre 1265 y 1274 — se basó en un proyecto que se remonta al "Sic et Non" de Pedro Abelardo escrito en los años1120, y a los "Cuatro Libros de Oraciones", escritos en los años 1150. Algunas veces tenemos la tentación de pensar que la síntesis magistral de Santo Tomás es un caso aparte. La verdad es que hay una historia gradual detrás de su creación.

Esto crea una pregunta importante para nosotros: ¿Somos impacientes con los tiempos de Dios? ¿Somos impacientes con las etapas de la historia a medida que se desarrollan en nuestros días, insistiendo que nuestra visión tiene que ser cumplida en forma inmediata? ¿Somos impacientes con las etapas del crecimiento en la fe de otras personas, insistiendo en que lleguen a donde queremos inmediatamente? Solo recuerde: La medida de la paciencia o impaciencia con la cual medimos a los demás será la misma medida utilizada con nosotros.

Cuando Dios le promete un hijo a Abraham, Sara se ríe. De acuerdo a los estándares humanos es demasiado tarde para resolver la situación. Pero no es demasiado tarde para Dios. Aparentemente, el sentido del tiempo de Dios es diferente del nuestro. Al aprender esta lección — que nos enseñan tanto la historia de la salvación como la historia de la teología— ganamos el fundamento para una nueva confianza y una nueva paciencia. 

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