FRENTE A LA CRUZ | Cultivar las gracias que hemos recibido de Jesús

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Tenemos por delante tres semanas completas de la Cuaresma, y tres semanas más para la Pascua. En los Evangelios de esta semana, Jesús está haciendo señales. ¿Cómo nos ayudan estas señales a intensificar nuestra preparación para la Pascua en la segunda mitad de la Cuaresma?

Leer en las Sagradas Escrituras acerca de las señales que Jesús dio nos ayuda a reflexionar sobre las señales que Jesús está dándonos en nuestras propias vidas. Quizás vemos algo en las noticias que nos trae no solo alegría o pena, sino que más bien nos lleva a la oración. Quizás un niño o un amigo dice algo que nos anima a hacer las cosas correctamente, o que nos hace arrepentirnos y pedir disculpas por haber hecho las cosas mal. Quizás nos encontramos en una situación difícil y recibimos la gracia del valor, la amabilidad o la franqueza para manejarla. Esta clase de eventos son señal de que Jesús está trabajando en nuestras vidas. En el Evangelio según San Juan, las señales están dirigidas a la identidad de Jesús. En nuestras vidas, las señales apuntan a Su plan para nosotros.

Leer en las Escrituras acerca de como la gente reaccionó a las señales que Jesús dio, nos ayuda a reflexionar sobre como respondemos a las señales que Él está dando en nuestras vidas. Por ejemplo: después de hacer un recuento de las señales que El da el lunes y el martes, los Evangelios para el resto de la semana son un tratamiento extendido de como las personas rechazan a Jesús. ¿Y nosotros, cómo respondemos?

Para nosotros es menos probable rechazar el trabajo de Jesús, y más a menudo somos culpables de descuidarlo. Es decir: mientras experimentamos Su gracia, podríamos no hacer nada para cultivarla y cooperar con ella. Lo que estamos llamados a hacer es cultivar las gracias que Dios nos da, y cooperar con Su plan para nuestras vidas.

¿Qué significa cultivar las gracias que recibimos? Primero, debemos valorar las gracias que Dios nos da, en lugar de darlas por hecho. Segundo, debemos recuperarlas en lugar de dejarlas desvanecer. Tercero, podemos preguntarnos: ¿hay algo en mi vida que me prepara para recibir estas gracias más frecuentemente? ¿Hay algo que podamos hacer para cooperar más profundamente con las gracias que recibimos?

Haga un repaso honesto de su día. Hay algunos hábitos de dormir, comer, leer, beber, rezar y así sucesivamente que nos ayudan a recibir más frecuentemente las gracias que Jesús nos ofrece, o más bien nos impiden de recibirlas. ¿Cuáles son los hábitos que lo ayudan a permanecer con estas gracias cuando nos llegan, o más bien nos alejan de ellas? ¿Cuál podría ser nuestro plan para permitir que la gracia guie nuestras vidas en las próximas tres semanas?

Jesús nos da estas gracias como señales. Están hechas para prefigurar como quiere Él que vivamos. Esto también significa que nos muestra que podemos comenzar a vivir de esa forma desde ahora. Pero cuando Jesús primero nos da un regalo, después pide nuestra cooperación para preservarlo y cultivarlo. Nuestra vida espiritual, como lo dice C.S. Lewis, es como nuestra vida física: en el principio nos fue dada como un regalo, pero después somos llamados a cultivarla, y podemos perderla por negligencia.

Jesús está dando sus señales esta semana — en las lecturas de la Sagrada Escritura, y en nuestras vidas. ¿Cómo son recibidas estas señales? Tal vez no seamos culpables de rechazar a Jesús. Y, especialmente al entrar en la segunda mitad de la Cuaresma, tampoco seamos negligentes con Jesús. 

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