FRENTE A LA CRUZ | Jesús se hizo hombre para que nosotros pudiésemos compartir su divinidad

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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El Tiempo de Navidad concluye con la Fiesta del Bautizo de Nuestro Señor (este año el 9 de enero). El Tiempo Ordinario comienza al día siguiente. ¿Qué recuerdo o gracia del Tiempo de Navidad llevará usted al Tiempo Ordinario para que le ayude a vivir más cerca del Señor este próximo año?

El Bautizo del Señor es una buena opción. En la oración y en nuestra imaginación, podríamos sumergirnos en el agua junto a Jesús. Entonces, cuando subamos con Él, oiremos al Padre hablando sobre nosotros: tú eres mi hijo bien amado(a).

Esta es nuestra identidad más profunda — un hijo o hija amado por el Padre. Es también nuestra primera vocación — vivir nuestras vidas como una respuesta a su amor. Pero debemos aclarar una concepción equivocada: Dios no espera que nosotros estemos limpios de pecado para amarnos. Él nos ama con nuestras imperfecciones, y nos invita a crecer hacia la perfección respondiendo a su amor.

¿Podemos realmente ser amados tal como somos, con imperfecciones y todo? ¿Y puede su amor realmente llevarnos hacia la perfección? Como si leyera nuestros corazones, la Carta de los Hebreos — que inicia las lecturas de esta semana — responde a estas dos preguntas.

El martes, escuchamos de Hebreos que Jesús se sometió a la muerte por todos nosotros. El miércoles, escuchamos que Jesús compartió nuestra carne y sangre porque "Él tiene que ser como sus hermanos y hermanas en todos los sentidos". El jueves, escuchamos que "nosotros somos compañeros en Cristo". Y el sábado, oímos que Jesús simpatiza con nuestras debilidades porque Él fue tentado en forma similar en todos los sentidos. Es por esto que podemos clamar por su ayuda.

La Carta de los Hebreos nos dice que Jesús compartió todo lo que es nuestro, de forma que puede compartir con nosotros todo lo que es de Él. Santo Tomas de Aquino resume este punto: "El Hijo unigénito de Dios, al querer hacernos compartir su divinidad, asumió nuestra naturaleza" (Catecismo de la Iglesia Católica, 460). ¡Que negocio — Él tomó lo que es nuestro para poder darnos lo que es de Él!

Cuando una persona sucia se sumerge en el agua, deja su suciedad en el agua. Por contraste, cuando Jesús entra en el agua, deja su santidad en el agua. El entró en las aguas del pecado y de la muerte, para compartir completamente lo que es nuestro. Nosotros entramos en las aguas del bautismo, para compartir completamente lo que es suyo. Nosotros dejamos el agua sucia, y Él se toma para sí las consecuencias de nuestro pecado. Él hace las aguas santas y nos da la consecuencia de su sacrificio: la vida eterna.

Así que, cuando celebremos el bautizo del Señor, vayamos a las aguas con Jesús. Permítase escuchar la voz del Padre llamándolo su hijo o hija amado. Deje que Él se deleite en usted, no porque usted sea perfecto sino porque usted es de Él. Deje que su amor lo acerque a Jesús a través del año venidero.

Esta es una gracia del Tiempo de Navidad que merece la pena llevar adelante. Bienvenidos al Tiempo Ordinario. 

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