FRENTE A LA CRUZ | Reflexiones finales sobre la formación de nuestra conciencia para votar

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

Esta es el último de una serie de cuatro columnas acerca de la formación de Conciencia Católica para votar. 

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No he resuelto cada tema en relación con la próxima elección, ni tampoco lo pretendo. Mi intención es ayudarlos en la formación de nuestra conciencia y dar forma a nuestras conversaciones a medida que nos preparamos para votar.

Además de los temas inmediatos de esta elección, me gustaría que elevaran sus ojos por un momento hacia un horizonte más amplio.

Cuando hacemos esto, regreso a una de mis principales preguntas. ¿No puede un bloque de votantes del 25 por ciento de la nación crear un escenario político que cuente regularmente con candidatos que representen todos nuestros valores católicos?

Todavía no estamos en ese punto. ¿Pero qué pasos podemos dar para movernos en esa dirección? Déjenme sugerirles tres cosas.

1) Si pasamos más tiempo escuchando la propaganda política que escuchando a Dios, entonces esto es parte del problema.

Si hacemos esto, no solamente consumiremos, sino que perpetuaremos una cultura que antepone la política a la oración. Esto es un retroceso. Necesitamos crear una cultura diferente. Esto es un proyecto a largo plazo, estoy seguro, pero debemos comenzar justo ahora, con personas y actos individuales. Bien sea leyendo la Biblia, rezando el Rosario, sentándonos frente al Santísimo Sacramento, rezando tranquilamente cuando manejamos o hacemos algo más, debemos hacer una prioridad el escuchar a Dios. Ser el cambio que deseamos ver.

2) Si no nos escuchamos los unos a los otros con un genuino interés cuando no estamos de acuerdo, eso entonces es parte del problema.

La propaganda política muchas veces nos habla de las peores cosas que un candidato ha hecho o dicho, con el juicio implícito: "Que idiota!" o "Que mentiroso!" Esto no propicia una conversación llena de fe (o por lo menos razonable). Necesitamos crear un tipo de cultura diferente.

Establezcamos un ambiente familiar, aunque solo sea entre nosotros. Preguntémonos los unos a los otros: "¿Cómo piensas votar?" Y: "¿Por qué te gusta ese candidato?" Y: "¿Cómo evalúas ese tema?" Y entonces vamos a escucharnos los unos a los otros con genuino interés, no solo esperando por la próxima oportunidad de anotar puntos en el debate. Interesémonos genuinamente en los demás, escuchándonos y amándonos los unos a los otros, aun en el medio de nuestras diferencias — si no lo hacemos así dentro de nuestra propia familia Católica, ¿que esperanza tenemos de hacerlo en una cultura más amplia? Necesitamos ser el cambio que deseamos ver.

3) Existe la tentación de desentendernos porque consideramos que la situación es un desastre. Pero debemos darle el nombre de lo que es: la tentación de la desesperación. Somos llamados para ser el pueblo de la esperanza, y la esperanza se expresa en sí misma en nuestro continuo compromiso.

Por lo tanto, recordemos que el día después de la elección, Jesús todavía será nuestro Señor. La gente todavía necesitará oír la Buena Nueva de su amor salvador. Cada uno de nosotros será llamado a tomar su cruz y a seguir a nuestro Señor, sirviendo a otros y sufriendo por nuestras convicciones. Es así como nuestra fe le ha dado forma a la cultura en el pasado; y es así como nuestra fe le dará forma a la cultura en el futuro. En tal sentido, nuestro mandato no ha cambiado, independientemente de quien gane o pierda.

La fe nos dice que nosotros traemos el cambio cuando somos el cambio que deseamos ver. Empecemos con esta elección. 

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