FRENTE A LA CRUZ | Cómo ver los temas de las elecciónes a través del lente de la fe

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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Hablemos acerca de las votaciones.

Jesús no es candidato para las elecciónes de este año. Ni lo es su madre. Esto significa que podemos dejar de buscar el candidato perfecto. Desde la perspectiva de la fe católica, el candidato perfecto no existe.

Esto también significa que no les voy a decir como votar — no porque lo prohíban los códigos de impuesto del IRS, sino porque la fe no lo requiere. Yo solo intento escribir acerca de lo que la fe requiere — fijarnos en temas que son de peso para cada conciencia católica, temas por los cuales podemos medir a cada candidato.

Al tratar estos temas, no intento sustituir la conciencia de ninguno de ustedes. En su lugar, intento ayudar en la formación de la conciencia de cada uno.

El aborto sigue siendo el tema número uno que pesa sobre la conciencia católica en cada elección. ¿Por qué? Porque el aborto es la destrucción de una vida inocente en una escala masiva. Solo en los Estados Unidos, el aborto implica la muerte de casi un millón de niños cada año, dando como resultado la muerte de alrededor de 50 millones de niños desde 1973. Cuando los más poderosos pueden eliminar a los más vulnerables, y a la sociedad se le dice que mire hacia otro lado, algo está drásticamente mal. Y ese patrón establece un modelo que se expresará de otras maneras.

El aborto es una contradicción directa a la fe. Si no lo objetamos, tenemos pocas razones para oponernos a cualquier otra cosa, y pocos motivos para afirmar que nuestra preocupación por otras cuestiones está motivada por nuestra fe católica. Los candidatos que apoyan el aborto nos están diciendo que ellos tomarán las decisiones por un criterio que está en fundamental contradicción con nuestra fe. En vista de esto, se pone en entredicho la credibilidad de cualquier promesa que hagan de ocuparse de los pobres y vulnerables de una manera aceptable para la fe.

También hay otros temas. ¿Cómo cuáles? Racismo.

Esa palabra que evoca una serie de eventos y actitudes, acciones y omisiones, que no pueden dejar de captar nuestra atención. Mirando en todo el país, en nuestra propia ciudad, en nuestros corazones, hay una amplia evidencia de que el problema existe y no podemos ignorarlo. Volver nuestras espaldas a la angustia y frustración de nuestros hermanos y hermanas es darle la espalda a Jesús, que dijo "Cualquier cosa que no hagas por el más necesitado no lo habrás hecho por mí." En otras palabras: el racismo toca el corazón de nuestra fe católica.

¿Qué vamos a hacer con el racismo sistémico? La fe no nos da una solución. Pero los candidatos que pasan más tiempo hablando sobre las políticas de impuestos que sobre la curación de las divisiones raciales, nos están diciendo que no pueden ver o confrontar un tema de tanta importancia que está destrozando a la familia humana. ¿Cómo podemos confiar que nos representarán, para ver, dar prioridad y abordar los problemas humanos más importantes en nuestro nombre?

Hay mucho más que decir sobre este y otros temas, y lo haré más adelante. Pero he dicho lo suficiente para descubrir un dilema que ha estado atormentando a los católicos en las elecciones de los últimos 20 a 30 años. Es tiempo de enfrentar directamente este dilema: hemos creado un sistema de partidos en los cuales parece que la mitad de los temas católicos son defendidos por los demócratas y la otra mitad por los republicanos.

Esto no es satisfactorio. Los católicos representan casi la cuarta parte de la población americana. ¿No puede un bloque de votantes del 25% de la nación crear un escenario político que cuente regularmente con candidatos que representen los valores católicos?

Entonces, ¿qué podemos hacer — cada uno de nosotros, cada día — para ayudar a cambiar el sistema, para ayudar a que surja uno mejor? Gastamos mucho tiempo y energía preguntándonos, "¿Cómo llegamos a esto?" Pero estos son tiempo y energía desperdiciados si solo los utilizamos para recriminaciones. Más bien necesitamos invertir nuestro tiempo y energía preguntándonos: "¿Cómo podemos hacer algo mejor?"

Y, ya que no podemos esperar hasta que surja algo mejor, necesitamos preguntarnos, ¿"Cómo debemos votar mientras tanto?"

¿Cómo podemos pensar acerca de la elección, hablar de la elección y formar nuestras conciencias en preparación para la elección — no en primer lugar como demócratas o republicanos, sino en primer y último lugar como católicos? Voy a abordar esto en las próximas semanas. 

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