FRENTE A LA CRUZ | No guardar la ley de Dios tiene consecuencias

Before the Cross - Archbishop Robert J. Carlson's Column

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El domo central de la catedral-basílica de St. Louis tiene una imagen de Elías siendo llevado al cielo en una carroza de fuego. En las lecturas de esta semana hablaremos sobre este episodio.

La carrera profética de Elías está marcada por muchos episodios fascinantes antes de ser llevado al cielo: derrotar a los profetas de Baal en el Monte Carmelo, devolver a la vida a un niño muerto, oír a Dios aun en las voces más pequeñas. Esta semana oiremos acerca de su interacción con el célebre rey Ajab.

Ajab — a través de las intrigas de su esposa Jezabel — robó la viña de un hombre llamado Nabot. La historia es similar a como el rey David robó a la esposa de Uriah.

Pero Elías le servía fielmente a Dios como su profeta. (Recuerde: Una profecía bíblica no es tanto acerca de predecir el futuro — aunque algunas veces implica eso — es más acerca de diagnosticar exactamente la condición de la relación de las personas con Dios en el presente.) Él confrontó a Ajab con lo que había hecho mal, y le advirtió acerca de las consecuencias. Nuevamente, la historia nos recuerda como el profeta Natán confrontó a David con sus errores, y le dijo acerca de las consecuencias.

Las consecuencias de no ser fieles a las leyes de Dios son la característica central de ambos episodios. En ambos casos — en el de Ajab y en el de David — las consecuencias no solo fueron para los culpables sino también para sus descendientes. Esto obviamente no es un asunto de justicia divina; los niños no habían hecho nada para merecer el castigo. Más bien, este hecho es una simple verdad: los hijos pagan por los pecados de sus padres.

Los profetas también enfrentan consecuencias. Elías ganó el favor de Dios — pero también el desprecio y la persecución del rey y de la reina- porque los enfrentó con la verdad de la ley de Dios. Esto es parte de la razón por la cual fue llevado al cielo: por su fidelidad a Dios, y como contraparte a su persecución en la tierra. El caso de Elías es una lección para los profetas y para todo Israel: A pesar del desprecio que soportaron en la tierra, su último destino está en las manos de Dios.

La historia de Elías y Ajab también representa una lección para nosotros. Podemos ser fieles o infieles a las leyes de Dios. La escogencia es nuestra. Pero, de cualquier manera, habrá consecuencias.

¿Significa esto algo práctico para nosotros? Les voy a dar solamente un ejemplo. Hoy, nos dicen que miremos hacia otro lado mientras los hombres utilizan los baños de las mujeres. Pero esto es más que eso, nos están diciendo que celebremos esto como el último paso en la liberación sexual. Pero tomemos una postura profética acerca del mundo y llamémoslo como lo que realmente es. Esto no es un paso hacia adelante. Es una repetición de un patrón antiguo en el cual los hombres fallan al proteger la dignidad de las mujeres.

San Juan Pablo II dijo una vez: "Dios asigna la dignidad de cada mujer como una tarea para cada hombre" Esto comenzó en el jardín del Edén, donde Dios le asignó la dignidad de Eva como una tarea a Adán. ¿Dónde estaba Adán cuando la serpiente tentó a Eva? Justo al lado de ella. ¿Qué hizo para protegerla de la tentación de la serpiente? Nada. ¿Tuvo consecuencias? Sí. ¿Quién pago el precio? No solo Adán y Eva, sino también sus descendientes.

Nosotros estamos repitiendo el patrón el día de hoy. Hemos hecho de la pornografía una industria multibillonaria en dólares, al defender su derecho constitucional de libre expresión. Hemos hecho que los cuerpos de las mujeres sean considerados como objetos centrales en las estrategias de mercadeo. Ahora estamos mandando hombres a los baños de las mujeres. Estos casos no son los mismos, pero están relacionados. Cada ejemplo nos muestra que los hombres están fallando en su tarea de proteger la dignidad, privacidad y modestia de sus esposas, madres, hijas y hermanas.

Como Elías y Ajab, podemos escoger. Si rechazamos la ley de Dios, podemos esperar lo mismo que Ajab, David y Adán: consecuencias para nosotros y para nuestros hijos. Si nos levantamos a favor de la ley de Dios, podemos esperar lo mismo que Elías y, últimamente, Jesús: persecución en esta vida, y victoria en la vida por venir. 

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